De pago

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No deja de ser curioso el debate que se ha despertado en torno al pago –no, no es un rumor- de Whatsapp. He aquí la cuestión que está revolucionando las redes sociales: desenfundar unos céntimos y continuar con un sistema de mensajería para móviles que ha arrasado en toda España, o migrar a otros completamente gratis, aunque menos populares. Hasta hace pocos años, en Internet la filosofía del ‘todo por la cara’ estaba tan sumamente extendida que parecía imposible que buena parte de los servicios, por mucha calidad que abanderaran, tuvieran éxito en la red si obligaban a sus usuarios a pagar por disfrutarlos, tal y como sucede en –por ejemplo- los supermercados, en los que es recomendable pagar por lo que se quiere consumir.

Dejando al margen la ilegalidad que envolvió al asunto, las cuotas de Megaupload que retiraban las limitaciones en el visionado de sus vídeos en Internet (especialmente series y películas) fueron todo un éxito. Millones de usuarios en todo el mundo pagaban por un servicio en Internet. El ´milagro’ se repitió con Spotify, la famosa plataforma que permite escuchar canciones de un sinfín de artistas y que cuenta con un numeroso grupo de clientes que también pagan unas cuotas por disfrutar de un servicio ‘on-line’.

El caso de Spotify es, si cabe, más llamativo que los anteriores, dado que además de ser de pago es completamente legal. Los polémicos derechos de autor están más que abonados, por lo que no tiene ningún sentido poner patas de palo y parches en los ojos a los internautas que acceden a la cultura a través de esta aplicación. Incluso los usuarios que optan por no pagar y utilizar la versión ‘free’ están obligados a escuchar una publicidad que sirve para financiar a los artistas; una gente que, al igual que los desarrolladores de Whatsapp, está en su derecho de ganar dinero para comer tres veces al día, entre otros quehaceres.

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