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Un debate sin fin

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Han pasado varios días desde la Diada y, como era de esperar, sigue el fuego cruzado entre los partidarios y los detractores del referéndum en Cataluña. El asunto sigue y sigue dando de qué hablar porque no hay ningún punto de encuentro en el horizonte. No hay, que sepamos, ningún tipo de acuerdo que permita de una vez por todas dejar zanjado un debate (no problema) que despierta y ha despertado pasiones e intereses políticos; y que a mucha gente tanto dentro como fuera de Cataluña empieza ya a hartar, ávidos de encontrar un final definitivo a esta situación. 

En Reino Unido no funcionan así. El primer ministro Cameron, en su trinchera conservadora, decidió poner fin a las presiones de Escocia y optó por convocar un referéndum con una pregunta muy concreta. Tanto los opositores como los partidarios de la consulta se dedican en estos momentos a argumentar, con informes y datos muy precisos, sobre las consecuencias que para los escoceses tendría el hecho de dejar de formar parte de Reino Unido. 

En España no hay tanta claridad. Nos hablan de una reunión secreta entre Rajoy y Mas, mientras los partidarios de la independencia no perfilan con exactitud qué tipo de Estado de quieren formar. No es lo mismo seguir el modelo de Finlandia que seguir el modelo de Liechtenstein. No es lo mismo apostar por una economía con un sector público potente que fomentar la llegada de capitales implantando el secreto bancario y exenciones fiscales a empresas y grandes fortunas. 

En la calle también hay otra pregunta: ¿qué sucedería con la deuda de Cataluña? Y, lo que no es menos crucial: ¿qué papel jugaría la Cataluña separada en Europa, en un momento en el que las instituciones comunitarias dictan políticas fundamentales en materia económica y la globalización hace necesario que los estados cuenten con estratégicas relaciones internacionales? Ambas posiciones deben dialogar, con la sociedad y entre sí, y clarificar sus argumentos con el objetivo de que la ciudadanía esté bien informada y de que el debate vaya llegando a su conclusión, sea con la convocatoria de un referéndum o con otro punto y final democrático y consensuado. No parece fácil, pero así es la política y el conflicto que ésta entraña.

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