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Un problema de irresponsabilidad

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Un problema de irresponsabilidad

La falta de carácter se paga y eso sucede tanto en la vida normal como en el paranóico mundo del fútbol. La falta de carácter va unida, siempre, con problemas de actitud y eso le sucede a este Real Zaragoza 2016-17 que va a pasar a los anales -y en el mejor de los casos- como el peor de la historia del club. Y digo en el mejor de los casos porque, a estas alturas, nadie puede estar seguro de que tengamos club el año que viene. Un descenso a segunda B traería de la mano la disolución del santo y seña de muchas generaciones. Así estamos...

Este equipo es un verdadero desastre. Una cruz y una vergüenza para sus seguidores. Acumula decepciones como, antaño, era capaz de llenar el museo de trofeos y distinciones. No hay por donde cogerlo. Y el problema viene de arriba, desde el consejo. El desconocimiento y la falta de capacidad de la propiedad del club para todo lo que no sea la parcela económica es el verdadero problema de origen. Sus errores son tantos, tan reiterados y tan graves que lastran todo lo demás.

Se equivocaron al mantener en el organigrama a Luis Carlos Cuartero, lastrado por su pasado agapitista; se confundieron a la hora de repartir roles en el consejo; se confundieron al menospreciar la categoría pensando que, como los constipados, al final con paracetamol se curan; se equivocaron al echarse en brazos de Martín González cuyas decisiones eran un peso muerto para el futuro y al sustituirlo por un Juliá cuya capacidad para ponerse al frente -y sin un jefe que marcara su camino- de un proyecto de esta envergadura y calado se desconocía y se están equivocando, ahora, al permitir que un técnico de perfil bajo y cuyos números son aterradores siga al frente del equipo.

Ahora, con la llegada de Arantegui, el muerto está en otro armario. La responsabilidad del cese de Agné es cosa suya. La propiedad se ha lavado las manos. Plis, plas...

La inacción del Consejo en la esfera deportiva es el gran problema de este club. Y, entre tanto, la afición asiste aterrada a la deriva de una institución a quien no reconocen.

Insisto: los problemas de este equipo no se solucionan con un par de aspirinas y mucho zumo de naranja: hace falta anestesia general, bisturí y un buen posoperatorio. Hay que ganar, como sea, 5 partidos más y el primer paso será dejar de menospreciar a la categoría y a los rivales. Confiar en que el peor Real Zaragoza de la historia se va a recuperar desde la senda actual por generación espontánea es de irresponsables. Confiar en que Agné sea capaz de revertir la inercia, también.

Esto tiene muy mala pinta.

 

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