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Una excavadora en el vestuario

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Te puede suceder una vez, dos, tres... y se puede hablar de mala fortuna o de mala suerte. Cuando algo te sucede en todas y cada una de las jornadas del campeonato de liga hay que buscar las verdaderas razones de la repetición de los hechos.

De nuevo, un rival del Real Zaragoza ha sacado petróleo de un partido en la recta final; otra vez en el descuento, en el añadido, el contrincante ha conseguido marcar. Van demasiados antecedentes para hablar de mala suerte, insisto.

¿Qué le sucede a este equipo? Básicamente estamos ante un bloque sin personalidad; muy pequeño, que no sabe competir, que vive acojonado cuando el enemigo se presenta con la artillería pesada en las rectas finales de los encuentros.

No es un problema de falta de fondo físico: es un problema de carencia de conceptos básicos: laterales que son autopistas -léase Carcelén-; centrales que no saltan -José Enrique-; mediocentros que se desbocan -Ros-; carrileros de chiste -Xumetra-; medias puntas que ni están ni se les espera -Bedia-; centrales fuera de posición -Cabrera-; centrales que no son nadie en balones laterales -Silva-; porteros a los que los balones pasados se les atragantan -Ratón-; centrocampistas sin gasolina -Lanzarote- y entrenadores insistentes hasta el aborrecimiento en confiar en futbolistas que no suman: el último, Láinez aunque el zaragozano no tiene culpa de nada. ¡Bastante está haciendo con semejantes peones!. La falta de calidad es la clave. Desde arriba hasta abajo. Desde el presidente hasta el que frega el vestuario.

El aficionado está harto de tanta medianía; de tanto jugador de medio pelo. Está harto de sus dirigentes, cuya incapacidad hace que el club esté deambulando en el mismo borde del precipicio durante tanto tiempo que es un milagro que no nos hayamos despeñado aún. Creo que ahí reside el problema: en la incapacidad manifiesta de todos los integrantes del club.

Y a todo ésto, el equipo sin salvarse a falta de dos jornadas. Un verdadero bochorno. Cinco partidos sin ganar justo cuando se está vendiendo el pescado. Tres puntos sumados de quince. Horroroso.

Cuando ésto termine, Lalo debe de entrar con una excavadora en el vestuario. De ahí sobran hasta los azulejos de las duchas. Es evidente que apenas se salvan tres o cuatro jugadores, El resto, buen viaje. El zaragocismo no va a echar de menos a casi ninguno de los presentes.

¡Qué pena, Dios mio!

 

 

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