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Pecado de soberbia

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Pecado de soberbia

La comparecencia de Lapetra ha sido, simplemente, escandalosa. Sois desesperantes. Ni habéis aprendido, ni aprenderéis.

Habló Lapetra. Lo hizo durante veinte minutos. 1.200 segundos para no decir nada. Nada nuevo, se entiende.

Me lo esperaba. Es el sino de los tiempos que debemos vivir todos los zaragocistas. Tiempos de soberbia y de prepotencia; tiempos de pensar que el zaragocismo es idiota, lelo... que tenemos falta de riego.

La rueda de prensa del presidente ha sido un despropósito. Una afrenta más que pone la guinda amarga a una temporada de infamia. Como abonado del Real Zaragoza número 716 tengo que escribir y gritar que me he sentido ninguneado una vez más.

No esperaba grandes explicaciones por parte de un presidente que pinta poco, es más, me hubiera gustado que hablara el director general pero eso es, al parecer, sinceramente algo imposible. Habló Lapetra y se lució.

¡Y mira que era sencillo dar el primer paso!: "Hola, buenos días; lo primero perdir disculpas a la afición de nuestro Real Zaragoza por haber firmado la peor temporada en 85 años de historia del club. Segundo, reconocer que no hemos estado brillantes en la esfera deportiva y que, como responsables del desaguisado hemos aprendido de nuestros errores y, tercero, garantizar que desde esta experiencia tenemos propósito de enmienda". ¿Difícil? Creo que no.

El problema del Consejo de Administración es la soberbia, la incapacidad de reconocer que se han equivocado. Que tardara Lapetra, en su comparecencia ante los medios de hoy, casi 20 minutos en referirse a la afición -y pregunta mediante de un informador- es un error que hubiera escandalizado a cualquier director de imagen o de campaña. Y, cuando respondió, rizó el rizo para señalar que "tienen que estar igual de desilusionados que nosotros porque no han salido las cosas como queríamos". Asombroso, presidente. ¿En qué mundo vives?

Como siempre, a este Consejo se le olvida que el fútbol no es igual que una inmobiliaria, o un concesionario de coches, o un bufete o una empresa al uso. Un club de fútbol son sentimientos, que es lo único que mueve -a ver si os enteráis- a miles y miles de personas a fidelizarse con un escudo, a adorar una camiseta, a llorar por las noches cuando tu equipo ha perdido y a estallar de alegría con los éxitos. Sentimientos. Los mismos que vosotros humilláis con un deambular deportivo infame y los mismos que parecéis despreciar con ruedas de prensa tan bochornosas como la que ha concedido Lapetra en el día de hoy.

Vosotros, consejeros, habéis tenido demasiado éxito en la vida profesional:  muchas empresas, muchos empleados, buenos balances, grandes beneficios... pero el balompié es otra cosa. Estáis viviendo una realidad paralela.

El primer año al frente del club, patronos, fuísteis sextos, octavos el pasado y decimocuartos -ojito- en el presente ejercicio. Eso os debería hacer reflexionar. La deriva es peligrosísima...

Si creéis que la clientela -los abonados- os van a seguir, abducidos, hagáis lo que hagáis como los ratones al Flautista de Hamelín estáis muy equivocados. Si no sois capaces -y con la comparecencia de Lapetra eso parece- de reconocer vuestros errores pidiendo perdón y solicitando disculpas a las docenas de miles de zaragocistas a los que les duele su escudo, váis muy, muy mal. Y lo malo es que, en vuestra deriva, os llevaréis por delante al club.

Sois desesperantes. Ni habéis aprendido, ni aprenderéis. Y no hablo de aciertos en fichajes o en el nombramiento de entrenadores. Hablo de relaciones humanas, de complicidad con vuestra masa social... de respeto recíproco, de valores de un escudo y una camiseta. No hablo de dinero. Nada tengo que objetar, con algún matiz, a vuestras decisiones económicas pero un club de fútbol es eso, un club de fútbol. Pasión, emoción...

Y, por cierto... no se os ocurra confundir la falta de crítica estruendosa durante el partido contra el Tenerife de una afición anestesiada por la sucesión de afrentas y bofetadas con el plácet por vuestra gestión. No confundáis a un león dormido con un león muerto. Sería el último gran error.

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