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Señor González: ¿Y si nos dejamos, por ahora, de ataques de entrenador?

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FOTO J. FERNANDEZ FOTO J. FERNANDEZ

Desde luego que esta decimotercera jornada de la segunda no ha sido buena para el Real Zaragoza. La bofetada que ha significado la derrota -con claridad, justicia y sin paliativos- en El  Alcoraz va a dejar herida. Eso es seguro.

Natxo ha perdido parte de su crédito ante una afición que perdona todo excepto la cobardía y menos en este tipo de partidos, en los que hay en juego algo más que tres puntos. Para muchos ha dejado de ser intocable...

El Real Zaragoza perdió por 3-1 y ese marcador no deja de ser benévolo para con los méritos de un equipo y el otro. Un partido impresentable, en el que los chicos de Natxo rozaron el ridículo y avergonzaron a sus seguidores.

Es tremendo que, con la mejor plantilla del último lustro, Natxo haya sido incapaz de presentar batalla, por sus enormes errores tácticos, en El Alcoraz. El partido lo perdió él. Sin lugar a la duda. Un desastre total: desde la convocatoria, a la alineación y a la actuitud en el banquillo ante el peso de los acontecimientos. Se lució.

¿Sabía el míster cómo jugaba el Huesca? ¿Cuales eran sus puntos fuertes? ¿Cómo se podía afrontar el partido?

Natxo González renunció a sus principios fundamentales, fue muy poco valiente. Lo dijo Toquero: "Hemos dado vergüenza" y así fue.

Personalmente, sigo creyendo en Natxo; en su estilo, en su forma de afrontar los partidos y en su concepto futbolístico pero soy consciente que el crédito se le agota. El equipo solo ha ganado 3 partidos de 13 y eso, en el Real Zaragoza, es sinónimo de finiquito. De hecho es el único que, con estas cifras, ha soportado el envite. Otros, por menos, se han ido a sus casas. Tiene el aval de Lalo y eso, ahora mismo, es mucho. Es todo, mejor dicho.

La hora de las sensaciones ha pasado. Es el momento de aplicarnos a la faena y de ganar partidos, empezando por la visita del Rayo. Y no cabe espacio ni para la poesía ni para lo decorativo. Tres puntos o estaremos abocados a una crisis -otra crisis- de consecuencias, ahora mismo, de difícil solución. Señor entrenador: espabile.

 

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