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La tomadura de pelo del 'paso atrás'

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Nada ha cambiado en el día a día –al margen de lo deportivo- en este Real Zaragoza de nuestros dolores que se dispone a vivir la séptima temporada de agapitismo, ahora en su versión más edulcorada y disimulada.

Seis campañas consumidas en las que, excepción hecha de la primera, en la que el equipo se ‘coló’ en la UEFA, todo han sido sustos, agonías y desesperanzas.

Un descenso, un ascenso y tres permanencias agónicas. Cinco campañas de agobio, en las que el objetivo era, bien subir o no bajar…Muchos jugadores han quedado por el camino y muchos entrenadores han sido consumidos por el peculiar modo de entender un club de fútbol del soriano. Un lustro en el que no hemos hecho muchos amigos, precisamente; en los que la imagen de la entidad ha caído a lo más bajo de sus ochenta años de vida.

Este curso parecía que las cosas iban a cambiar. Se salió del concurso de acreedores; se contrató al héroe Jiménez y se incorporó como presidente a Nando Molinos, profesional contrastado. ¿Ha cambiado algo?

En los criterios deportivos, si, por supuesto. Se nota la mano de Jiménez. El de Arahal ha reconvertido los parámetros de búsqueda de jugadores. Ahora llegan chicos en propiedad, con mucho producto nacional y poco cedido. Se está sometiendo a la ciudad deportiva a un ‘repaso’ de cuidado y se apuesta por un filial de calado y futuro. Todo desde la lógica más aplastante. Con normalidad, lo que ya es noticia en el Real Zaragoza. En el prado –si llegan los que tienen que llegar, que esa es otra- se adivina una temporada tranquila…

¿Y en los despachos? ¿Ha cambiado algo? ¿Tenemos ‘regeneración’? Pues no. Nada de nada. Todo sigue igual. Agapito marca los tiempos, elige el paso y la música para el desfile. Sigue tan encima de la entidad que, incluso, descarta diseños de camisetas. Estuvo en Arahal dándose un baño de masas y, como en los mejores tiempos, estuvo escoltado por su mano derecha  -Bazaco-, por su mano izquierda –su hijo- y por Carlos Cuartero, ejecutivo polifuncional. No apareció por tierras sevillanas, por cierto, Fernando Molinos. Todo pasa por las manos del máximo accionista.

No se dejen engañar. Agapito sigue siendo el amo. Y ejerce. Como siempre.

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