Un caldo en Alfamen
Mientras el mundo ha estado pendiente de las elecciones en Grecia, en un punto cualquiera de la geografía zaragozana, querían saber más sobre ayuda a los países en vías de desarrollo. Hermoso como el contraste entre, saberlo todo de las noticias del mundo, no resta ni un ápice de sensibilidad y serenidad a la vida en un pequeño pueblo.
Afortunadamente a pesar de Siria, los rescates bancarios o las bajadas de precios en los hoteles aragoneses,...en algunos pueblos la vida transcurre serena.
Una tarde de sábado, una charla en la Casa de Cultura, una merienda exquisita con un buen caldo comunitario, una manzana y sobre todo compartir conversación y cariño al visitante. Los pueblos son los grandes olvidados incluso para las organizaciones más solidarias.
No todo se cuece en las grandes urbes. No cuesta nada llevar la palabra, el testimonio, la imagen al mundo rural donde el tiempo transcurre con otro ritmo.
Los ciudadanos de lugares como Alfamén se sienten muy reconfortados cuando se les tiene en cuenta para sumar a la ayuda a los más pobres de la tierra.
Su forma de celebración tras la charla es especialmente ejemplar. La merienda para todos los asistentes se elabora a base de caldo. El caldo se prepara un poquito en cada casa y se fusiona. La manzana da el toque final a la fiesta.
Un ejemplo de cómo la austeridad no resta ni un ápice de alegría.
Vivir la normalidad extraordinaria de las pequeñas urbes es un ejercicio que todos debemos hacer. Aleccionadora tarde en Alfamén.
mayte
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