Mi primera Semana Santa de bombos y tambores
Estimado Sancho: toca regresar a la realidad tras estos días de asueto. Todavía resuenan los bombos y tambores de las procesiones de la Semana Santa de Zaragoza. Estos días, persiguiendo literalmente a las cofradías por los callejones de Zaragoza, recordaba una ocasión, siendo yo muy niño. No vivía por estos pagos, sino en la fría Bélgica, hace más de tres décadas ya. Mi madre tuvo el arrebato de organizar un viaje relámpago a su ciudad natal por echar de menos el sonido de la percusión rebotando por las fachadas del Casco Histórico. Fue tal su necesidad de regresar a Zaragoza para vivir la Semana Santa que recorrimos toda Francia para llegar en Viernes Santo. Pudimos disfrutar de unas escasas horas del Santo Entierro. Pero fue suficiente. Porque yo ya supe del imponente espectáculo de los tambores aragoneses. Desde aquel entonces, todo ha cambiado mucho. Ha crecido. Y eso es bueno. Yo he recordado esa primera experiencia de niñez con la Semana Santa de mi ciudad adoptiva. Cosas veredes.
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