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Que nadie se frote las manos

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Estimado Sancho: hoy me han preguntado qué es lo que pienso sobre el caso Bárceñas, del cual estarás sobradamente informado, estoy seguro de ello. Pues bien, lo que pienso es que si se confirma todo lo que hay sobre la mesa, efectivamente la cascada de dimisiones por omisión debe sucederse en la misma proporción a los nuevos nombres que se sienten en el banquillo y sean condenados. Incluso la omisión es punible jurídicamente. He escuchado a Torres Dulce (Fiscal General del Estado) hablar del trabajo de la Justicia y de la presunción de inocencia. Ya tenemos ejemplos de corrupción política a cascoporro, pero precisamente nosotros debemos demostrar que sabemos convivir en democracia y esperar a que los tribunales hagan lo que tengan que hacer. Es verdad también que se ha conseguido con dudosas decisiones pasadas y presentes que la desconfianza ciudadana llegue hasta las tripas de los juzgados, pero si entro personalmente en esa rueda sólo querré salir corriendo y ya no quedará nada más que la ley de la selva.


Dicho esto, trato personalmente con muchos políticos (concejales, diputados, miembros de gobiernos, etc) y a buena parte de ellos los conozco muy de cerca. Sé cómo es su día a día, cómo se levantan a primera hora, llevan a sus hijos al colegio y cómo trabajan hasta la noche sin reloj y defendiendo de forma honesta al cien por cien las exigencias de quienes les han votado. Me niego a que los ponzoñeros, que los hay y lo serían en cualquier ámbito y forma de vida, sirvan para una lapidación pública de toda persona que se dedique a la política, porque la necesitamos para representarnos y tomar decisiones. Apuesto por una purga absoluta, pero sin demagogias. Apuesto por una sociedad que se mire hacia adentro (porque en el ámbito privado también hay mucho que hacer, que si existen comisiones llegan desde empresas o particulares podridos) y exija responsabilidades hasta el mismo tuétano, pero que a la vez lo haga con una ejemplaridad absoluta, demostrando rabia, enfado, pero con civilidad impoluta. En este punto, nadie puede mirar el tufo ajeno riéndose y frotándose las manos, porque es muy grave y destructivo para el país lo que puede haber sucedido, lleve las siglas que lleve. Repito: esto no es bueno para nadie.

¿Políticos? si. ¿Muchos? los que haga falta ¿Bien pagados? lo que merezcan ¿Profesionales de la política? Durante un tiempo. ¿Transparencia? que se les vea hasta la gargantilla. Estoy de acuerdo con esto, a la vez que reitero: necesitamos la política, la anarquía no nos llevará a otra cosa que el caos. Cosas veredes.

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