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Láinez: cuestión de fé...

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Láinez es nuestra esperanza -insisto- y no va más. De la comunión entre el técnico, la plantilla y el graderío dependerá que nuestro querido Real Zaragoza supere el reto más exigente en los 85 años de historia del club. Foto RZ/Tino Gil Láinez es nuestra esperanza -insisto- y no va más. De la comunión entre el técnico, la plantilla y el graderío dependerá que nuestro querido Real Zaragoza supere el reto más exigente en los 85 años de historia del club. Foto RZ/Tino Gil

Miren ustedes: son las cosas de la vida. Les voy a confesar que, al contrario de otros compañeros de profesión, y a pesar de llevar más de 30 años en este oficio, no tengo el gusto de conocer -al margen del normal roce del propio trabajo- a César Láinez.

Durante muchos años hemos compartido desplazamientos y destinos; hoteles y estadios, pero creo que nunca, salvo las entrevistas propias del propio devenir diario, hemos tenido la oportunidad de hablar de algo más que no sea del partido del día o de la actualidad del equipo.

No, no conozco demasiado a Láinez pero me han hablado muy bien de él. No está mal que los amigos defiendan a sus amigos. Es una buena cosa aquella de la lealtad. "Láinez es el técnico apropiado", decían... y yo -ciertamente- lo dudaba. Lo he dicho en antena, pero es el momento de cambiar el discurso.

Y me voy a explicar. Era imposible que Agné siguiera al frente del equipo. Sus terroríficos números, indefendibles, le condenaban. Una bazofia de resultados. Los entrenadores -es la ley del balompié- viven de los marcadores... y ellos han defenestrado al de Mequinenza; reo de sus prebendas, de sus errores de bulto a la hora de gestionar al grupo, de sus enormes fallos al planificar los encuentros.

¿Quién debía ser el relevo? No cabía la llegada de ningún técnico que desconociera el club, la ciudad, la afición, el devenir diario. Era demasiado ariesgado a falta de doce jornadas. Así, la decisión de darle las riendas a César Láinez es la única lógica que cabía tomar. De la casa, del club, conocedor de la ciudad y de la afición. ¿Es el idóneo? Permítanme que les diga que era la única opción viable y con cierto sentido común.

El relevo de Agné es lógico pero llega tarde, tardísimo. El consejo -que acumula errores enormes en el plano deportivo- se equivocó letalmente -letalmente, recuerden- a la hora de confiar el proyecto a un Juliá que ha demostrado lo que es. Sus elecciones de entrenadores han sido un verdadero despropósito. Imposible elegir peor. ¿En que puñetas estaba pensando el gerundense a la hora de elegir técnicos y jugadores? ¿Vive Narciso en este planeta?

Láinez ha mamado zaragocismo y está tan preparado o más que los últimos técnicos que han habitado la caseta aragonesa. Es uno de los nuestros y las ha pasado de a metro para vivir su profesión. Bienvenida sea su elección. El de Silos es la esperanza pero para sacar adelante semejante reto la plantilla deberá estar a muerte con él... pero a muerte de verdad, no con la boca pequeña como sucedía con Agné. Asegurar que el de Mequinenza tenía al plantel de su lado es una mentira tan grande como los Pirineos. ¡Venga ya! Por repetir muchas veces una cosa no se convierte en cierta.

Láinez es nuestra esperanza -insisto- y no va más. De la comunión entre el técnico, la plantilla y el graderío dependerá que nuestro querido Real Zaragoza supere el reto más exigente en los 85 años de historia del club. Todos nos jugamos mucho para no ser capaces de ver con claridad el mayúsculo problema en el que vivimos. Ahora no toca buscar culpables -eso, para cuando estemos salvados- sino soluciones.

¿Será Láinez la solución? El tiempo lo dirá pero considero que, desde la lógica, era lo único que cabía hacer. Eso si, ahora toca unirnos todos. Sin esa unión estaremos perdidos y este club y su afición -al margen de sus propietarios actuales- no se lo merecen...

 

 

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