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Aragón y su historia

La ignorada historia del primer Justicia asesinado por un rey

Castillo de Játiva Castillo de Játiva

Por Miguel Martínez Tomey, director de la Fundación Gaspar Torrente

 

Pocos saben que Juan de Lanuza no fue el primer Justicia de Aragón asesinado por un rey. Por eso dibujaremos así, con trazo grueso, aunque tan solo sea para suscitar la curiosidad, cuatro pinceladas sobre este caso: el precedente que, 150 años antes de la muerte de Lanuza, debió de "inspirar" al despótico Felipe II.

El nombre de la víctima: Martín Díez de Aux. Y no fue un Justicia cualquiera. Profundo conocedor de los Fueros de Aragón, las Cortes le encargaron la delicada tarea de compilar las Observancias (jurisprudencia de la Corte del Justicia de Aragón en la interpretación de los fueros) para que se publicasen junto con los Fueros, fijando así el conjunto de lo que podríamos llamar el ordenamiento jurídico del país. Con ello, astutamente, las Cortes también ponían límite a la imparable tendencia del Justiciazgo a "crear" a través de sus sentencias normas más allá de los fueros, aunque éstas se desprendiesen de su interpretación. Una vez compiladas las Observancias, a ellas y al fuero se habrían de ceñir en su actuación los futuros Justicias, sin más. 

Díez de Aux también fue el receptor de la "Letra Intimada" (o sea: carta notarialmente certificada) en la que su anciano predecesor, Juan Ximénez Cerdán, le recordaba la historia y orígenes de la institución del Justiciazgo, de tal forma que contribuyó enormemente a la difusión de la leyenda de los Fueros de Sobrarbe, que justifican el pactismo político en Aragón y el sometimiento de los reyes a las leyes del país. 

La reina María, mujer de Alfonso V de Aragón

Pero nada de eso contó para Alfonso V y (puesto que éste se hallaba ausente guerreando para conquistar el reino de Nápoles) para sus directos representantes en el territorio aragonés, su mujer, la reina María y su hermano, Juan de Navarra. Todos ellos se enemistaron con Díez de Aux por haber promovido un controvertido fuero en las mismas Cortes de Alcañiz que en 1437 habían aprobado su compilación de las Observancias. En dicho fuero se establecía la inmunidad judicial de los Justicias de Aragón, de forma que éstos no podrían ser juzgados, en caso de ser acusados, más que por el rey y sus magistrados. Dicha inmunidad alcanzaría, además, a sus lugartenientes y oficiales.

Para los reyes, este fuero suponía hacer de cada pleito contra el Justicia o sus colaboradores un conflicto con una potencial carga política, focalizando sobre el monarca las tensiones que entre las fuerzas vivas del país se podían derivar de cualquier hecho judicial que afectase al Justicia. En la práctica, suponía un blindaje judicial para favorecer una salida indemne de cualquier acusación criminal que se realizase sobre el Justicia.

La irritación de la monarquía aragonesa fue grande y como represalia, así como para evitar un uso inmediato y para sí mismo de esta ventaja obtenida por Díez de Aux, los reyes le instaron a renunciar a su cargo, a lo cual se negó. Los requerimientos para que renunciase, demostrando así que su iniciativa en las Cortes no respondía a un interés puramente personal, se sucedieron, pero Díez de Aux se mostró firme en su negativa. En esta situación, el rey ordenó a su hermano y Lugarteniente suyo en el Reino de Aragón, que lo acusase de dilapidar el dinero recaudado por el impuesto del general, ordenando su detención.

Así, una fría noche de los últimos días de 1439, siguiendo órdenes de la reina María, un grupo de soldados y oficiales reales entró en su casa de Zaragoza, le ató las manos y lo llevó hasta el puerto fluvial de la ciudad, en donde fue subido en un barco que, amparado por la oscuridad, se lo llevó río abajo hasta sacarlo del país, eliminando la posibilidad de acceder a cualquiera de los apoyos o recursos a su disposición en suelo aragonés. Su destino final fue el castillo de Játiva, en donde -también por orden de la reina María- fue ahogado el 26 de junio de 1440. 

Podemos suponer la conmoción de quienes en esa época consideraron que el rey se había extralimitado gravemente, así como la condescendencia de quienes compartieron los argumentos del rey o creyeron en la solidez de los graves cargos que se imputaron al Justicia. El caso es que, irónicamente, éste sufrió en todo su rigor precisamente la justicia del rey en quien, en principio, buscaba más que otra cosa seguridad.

Todo parece indicar que, bien por temor o por interés, fueron mayoría quienes en Aragón se alinearon con la postura del monarca y que la suerte de Martín Díez de Aux no se percibió como la agresión al sistema constitucional aragonés que sí reconocieron los contemporáneos de Juan de Lanuza V. No obstante, según refieren los cronistas aragoneses de los hechos de 1591, el caso de la sumaria ejecución de Martín Díez de Aux fue evocada en aquellos días aciagos por los aragoneses. Ello pone de manifiesto que el caso de Díez de Aux no había quedado en el olvido y que fue tenido como un precedente del peligro que los comportamientos cada vez más autoritarios de los monarcas podía representar para el mantenimiento de las libertades, garantías y equilibrios consagrados por la foralidad aragonesa. 

 

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