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La campana y los perdidos zaragozanos

Por Ignacio Navarro Gil

Zaragoza, San Miguel de los Navarros, iglesia de extramuros, el río Huerva divide la ciudad de los campos.

Ciudad famosa por sus densas y agobiantes nieblas, hasta que en el invierno de 1529, fruto de una drástica ola de fríos invernales y resultado de ingentes lluvias, dos mujeres, un anciano y un niño no hallaron el camino de vuelta a la ciudad, y perecieron en las selváticas e inhóspitas márgenes y en los extensos labrantíos zaragozanos.

Se decidió colocar una gran linterna a modo de faro en lo alto de la torre de San Miguel para guiar durante el regreso a la ciudad, pero no bastó, ya que en el año 1556 volvió a ocurrir otro indeseado y desafortunado suceso.

Un barrio turbado y una ciudad consternada por los terribles hechos deciden colocar una campana en lo alto de la torre y guiar a todos aquellos que cuando cae la noche y deshoras se dirigen a sus casas.

La campana comienza a tener fama y toca de una forma muy puntual, guiándonos con los siguientes toques...

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