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Los bitcoins (1ª parte)

Los bitcoins (1ª parte)

Por Ángela Medrano

Bitcoin es una moneda completamente digital, es el dinero en circulación en la red, en Internet, y como tal se puede y se ha llegado a considerar un sistema de pago. Su característica principal radica en su control, no tiene propietarios, no hay una autoridad centralizada tras ella y la única condición es que todos aquellos que quieran utilizarla han de usar un mismo software, un soporte tecnológico común que ha de conservarse para poder seguir funcionando. Dicho  software se publica abiertamente y cualquier programador en cualquier lugar del mundo puede revisarlo o crear su propia versión modificada. En realidad, el bitcoin se acerca mucho a la esencia simbólica del dinero corriente, vil metal, que reina en las transacciones y compras del 1.0 y hasta ahora en el 2.0 a través de sistemas de pago tipo pay pal.

Pero ¿cómo funciona? Desde el punto de vista del usuario, Bitcoin es una aplicación móvil o de escritorio que sirve para gestionar un monedero de Bitcoins permitiendo al usuario la realización de transacciones con él. En el back stage podemos descubrir que, en red,  su contabilidad pública es compartida y recoge cada una de las operaciones realizadas verificándolas, dándoles autenticidad. A su vez dicho carácter auténtico se logra y protege en virtud de las firmas digitales correspondientes de cada una de las direcciones de envíos realizados. Los pagos con Bitcoin son bastante fáciles de efectuar incluso más que las compras con tarjetas de crédito o débito y se pueden recibir sin necesidad de tener vinculada una cuenta mercantil. Los pagos realizados desde el monedero bitcoin, bien a través del ordenador o de un smartphone, se realizan introduciendo la dirección del destinatario y el importe a pagar y aprovecha los avances tecnológicos en telecomunicación como puede ser la obtención de la dirección de envío a través de la lectura de un código bidi o QR.

Un revolucionario sistema que en 2013 experimentó un crecimiento exponencial llegándose a hablar de que el valor de los bitcoins en circulación equivaldrían a 1.5 billones de dólares. Las operaciones ejecutadas son básicamente las de pago a cambio de bienes o servicios aunque también es posible adquirirlos vía intercambio con alguien que ya los ha obtenido, comprándolos en una casa de cambio Bitcoin (plataformas digitales) o a través del llamado “mining” que sirve directamente para su creación. Un proceso  competitivo basado en que los usuarios son premiados en la red por sus servicios siguiendo un protocolo propio que regula no solo el ritmo de creación sino que también obliga, marca unas normas de eficiencia en materia de reducción de costes operativos para ajustarse a ellos y poder así seguir operando en el sistema.

En el caso de que el usuario pierda sus bitcoins, el efecto es que éstos desaparecen de la circulación, no están disponibles, están inactivos e inaccesibles, sin poderse utilizar al no encontrarse la clave que los activa. Por lo demás y en coherencia con la ley de oferta y demanda, si hay menos bitcoins disponibles, éstos incrementan su valor cuando se incrementa su demanda.

Un sistema a priori rápido, en línea con la realidad socio-económica marcada por la globalidad y la instantaneidad. Sin gravámenes de impuestos o como mucho alguno muy leve como consecuencia de querer pagar un plus de prioridad en la operación. Irreversible, seguro y con altas dosis de privacidad en lo que a datos personales se refiere con la posibilidad de conversión a moneda corriente con cargos sensiblemente más inferiores que otros sistemas de pagos actuales de internet. Por el contrario el escaso grado de madurez y conocimiento sobre esta moneda digital que supone un obstáculo para su más rápida y extensa utilización fruto quizás de la desconfianza que dicho desconocimiento y su alto nivel de abstracción e intangibilidad suponen para la seducción de ciertos nichos de mercado.

En cuánto a su legalidad y en ese sentido siendo noticia en las últimas semanas, Bitcoin no se ha considerado ilegal en la mayor parte de los países, cuenta sí con ciertas reticencias y obstáculos en países y mercados con una política también restrictiva a otro tipo de divisas o países con circunstancias políticas limitantes. No obstante, y a tenor de las últimas novedades suscitadas sumado a su carácter innovador y de nulo control administrativo, ya se estudia la forma y manera en que debería ser regulado.

 

Continuará…

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