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EMPRESAS Y EMPRESARIOS

Practicar Innovación Empresarial (1ª parte)

Practicar Innovación Empresarial (1ª parte)

Por Ángela Medrano

Al hilo de las últimas noticias económicas que transcienden y al amparo del incipiente y prudente optimismo que éstas provocan, crecen las expectativas de alivio tras meses de dura travesía en el desierto.

No es para menos cuando todos estamos de acuerdo en que por encima de todo, esta crisis está siendo una crisis de confianza y credibilidad, y que por ello precisamente las noticias buenas, por leves que sean, son la esperada agua para los ánimos cansados e

incrédulos de muchos. Esta era de cambios y este cambio de era nos deja una ardua experiencia y un montón de conocimientos fraguados al calor de los errores cometidos.

Todos de algún modo y en alguna medida, hemos tenido que aprender o enterarnos a ritmo de vértigo de que hay otra forma de hacer y de entender las cosas, hemos tenido que evolucionar y estamos asistiendo al repaso de los modelos de negocio y a la recuperación de algunos valores que por otra parte siempre estuvieron allí. En el camino miles de empresas, de negocios y autónomos…

 
El proceso de revisión económica y social en el que estamos inmersos, actúa como una suerte de natural filtro evolutivo, en virtud del cual sobreviven aquellos que están en mejora continua, en revisión permanente, que se preocupan por innovar, entendiendo por innovación "el proceso en el cual a partir de una idea, invención o reconocimiento de una necesidad se desarrolla un producto, técnica o servicio útil hasta que sea comercialmente aceptado" (Escorsa,1997).

Es la innovación a través de la aplicación integral de la creatividad y la formación, una de las claves para ser competitivos. Concepto el de la competitividad, un valor éste al alza por cuanto significa y estando asociado también indefectiblemente a la superviviencia, al bienestar y al futuro de nuestras empresas.

No debemos olvidar otro concepto;  la internacionalización. La globalización dinámica e imparable de los mercados, a la que no podemos permanecer ajenos, tiene como beneficiosa consecuencia la más ágil accesibilidad  a nuevos mercados y clientes. Internet y sus herramientas facilitan las transacciones comerciales, el contacto y el acceso a miles de potenciales clientes, la mayoría de ellos procedentes de países emergentes, donde nuestros conocimientos y experiencia son altamente reconocidos y apreciados.

Por último nada de lo anteriormente citado se debería entender y dar fuera de un contexto de planificación estratégica empresarial alineada con la sostenibilidad social, económica y medioambiental. Una empresa con futuro es precisamente una empresa comprometida y responsable con los recursos naturales y su gestión, sensible al impacto que genera en la sociedad y en su entorno.

Siendo conscientes de todo ello y actuando en consecuencia, ganaremos en valor competitivo. Con especial atención a las políticas de recursos humanos orientadas a retener talento, a conseguir equipos con alta capacidad de compromiso y creativos que redunden en una mayor productividad y rendimiento. Y no menos importante reconocer que para ser competitivo hay que diferenciarse y para diferenciarse hay que hacer valer y dar a conocer nuestra ventaja competitiva y la de nuestros productos. Para ello nos serviremos de la Comunicación y de todas las herramientas que pone a nuestra disposición.

Al final, la competitividad es la materialización de una estrategia global eficaz y eficiente. La suma de todos estos factores, sobre los que tenemos plena capacidad de intervención, y su aplicación al unísono para un resultado final tan satisfactorio que la competitividad como tal, deje de ser una exigencia externa de los mercados, para pasar a ser uno de los principales valores dentro de nuestra cultura de empresa.

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