REAL ZARAGOZA - OPINION - JORGE URRIZA

Ahora, paciencia

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El viernes pasado volvimos a vivir una de esas situaciones que tantas veces nos ha tocado tragar en los últimos años. Poco dura la vergüenza de un mal partido en un aficionado zaragocista, el enfado es inevitable.

En la noche del viernes el Real Zaragoza fue borrado y anulado por el Almería. Los andaluces jugaron a lo que quisieron sin tener el balón. Bloquearon la subida de los laterales maños y salieron con muchísima velocidad y verticalidad tras robo de balón. A los blanquillos les falto calma, tener la cabeza ordenada y rentabilizar la posesión de la pelota, justo lo contrario que la semana pasada. Vencer al Real Zaragoza costó muy poco, tres tiros lejanos y una sensación de vulnerabilidad tremenda. Los de Natxo González volvieron a encajar a balón parado.

Aunque las sensaciones ya no pueden ser la base de nuestra tranquilidad, es más fácil de digerir la derrota con el buen juego. La cuestión nace del ‘baño’ que te da el Huesca, al igual que lo hizo el Rayo y el Almería en este último fin de semana. Tres partidos consecutivos en los que el equipo es peor que el rival. Por supuesto, todos firmaríamos victorias como la cosechada frente a los vallecanos, pero es una fórmula que no garantiza el éxito de manera continua.

Todo esto acompañado del caso Eguaras. El viernes el navarro se volvió a quedar en el banquillo. La afición pide a gritos que juegue fin de semana tras fin de semana. La verdad que resulta difícil de entender. El Real Zaragoza venía jugando bien, y era Iñigo el mediocentro creador, el que cogía la pelota y mejoraba la jugada. Descongestión del juego, rompiendo líneas de pase, el de Ansoain parecía clave en un equipo al que le encantaba tener la pelota. En cambio, en los últimos partidos el entrenador ha llegado a dejarle incluso en la grada. No se le puede negar a Natxo que si lo que quiere es llenar el centro del campo de músculo, y hacerlo más rocoso, el ‘15’ no es el indicado, pero para qué. Para qué un cambio de tipo de juego si el otro funcionaba y cuál es el porqué.

Por todo esto, y muchos otros motivos la desesperación crece en La Romareda. El cabreo, la incomprensión y los tirones de pelo. Es difícil de asimilar. Parece que tras cinco años en la Categoría de Plata no hemos aprendido nada, o sí. Hemos hablado de paciencia cientos de veces esta temporada. La paciencia es ahora. Hemos analizado el proyecto del Real Zaragoza y el proyecto también es esto. Quinta temporada consecutiva de la afición en Segunda División, pero la mayoría de jugadores y entrenador son recién llegados. Hay que tener paciencia con ellos y confiar en este proyecto que durante tanto tiempo hemos alabado. Malas rachas, o malos inicios en equipos nuevos son algo habitual en el fútbol. El Real Zaragoza esta en horas bajas, ni gana ni juega bien.

Al final, el Real Zaragoza no deja de ser un “caballo” todavía sin domar. Un torbellino o un huracán capaz de destrozar cualquier lugar o de disolverse como un azucarillo. Este es el precio. El precio de Julias y proyectos de parches, de mercados de reducida extensión y de fichar jugadores, en vez de hacer equipos. Echar al entrenador sería volver a tropezar con la misma piedra. El bagaje del mister es limitado sí, pero la confianza y la paciencia se demuestra en los momentos difíciles. El que lo puso debe ser el encargado de valorar si va a ser capaz de lograr su objetivo. Y todo esto a sabiendas de que el contrato del técnico vasco es para más de una temporada, ese es su plazo para los objetivos.

Llevar la palabra paciencia escrita en la mano a modo de recordatorio no puede servir para convertirnos en conformistas. La afición debe transmitir y transmite su descontento con el juego del equipo. Debe cabrearse por volver a encajar a balón parado. Sentimiento incontrolable desde el otro lado de la pantalla o desde la fría butaca de La Romareda, pero el proyecto debe estar presente. Un proyecto con gente joven. Un proyecto con gente de la cantera. Un buen entrenador. El Real Zaragoza tiene que centrarse, de la mano de su afición, en la consecución de los cincuentas puntos y en crear un bloque para el futuro. Es el primer objetivo, el punto de partida. Una vez se consigan estos dos objetivos será el momento de hablar de otras metas.

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