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Familias de acogida, familias especiales

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Familias de acogida, familias especiales

Cariño, amor y estabilidad. Estas son algunas de las aportaciones que hacen las familias de acogida a los niños desamparados de la Comunidad aragonesa. Son pocas las que existen y el Gobierno de Aragón quiere lograr aumentar el número para dar cobertura a la multitud de menores que lo necesitan.

En toda España, más de 15.000 niños y 200 en Aragón se encuentran en residencias esperando que alguien entre por la puerta para acogerlos en su casa, darles un poco de lo que han carecido en sus vidas o que ya no tienen por la mala situación de sus familias.

La acogida es una opción que aunque exige unos requisitos es mucho más rápida que la adopción, claro que no conlleva las mismas implicaciones, dado que la guarda y custodia queda en manos del Gobierno.

Que sean personas normales, estables, emocionalmente maduras, con recursos y vivienda suficientes, motivadas para ayudar, querer y cuidar a un niño como si fueran sus padres, sensibles, con capacidad de anticipar los problemas, afectivas, con buena relación entre ellos y sin problemas de salud son las características que se buscan en estas familias.

Lo primero que tiene que hacer una familia que quiera formar parte de la acogida es acudir a una sesión informativa en las Direcciones Provinciales del Instituto Aragonés de Servicios Sociales. Allí, se les da una visión global de los deberes y derechos que adquieren y tienen una toma de contacto con el personal técnico.

A partir de ahí, presentan la documentación que se solicita, como un impreso de solicitud, la declaración de la renta o certificados médicos que aseguran que tienen una salud normal. Tras ello, los futuros padres de acogida deben realizar un curso de formación de 16 horas, donde el personal especializado les explica en detalle las facilidades y dificultades para abordar la llegada del niño y la casuística que se da.

Una vez realizado el curso, hay una valoración psicológica y social, se estudia la situación familiar para ver si tiene medios de vivienda suficientes y su estabilidad psicológica. El final llega cuando se resuelve la decisión por parte de la directora del IASS y se les pone en espera de un menor que los pueda necesitar. Después de eso no estarán solos, habrá profesionales que colaboren y les apoyen.

"Cualquier familia de la Comunidad puede ser idónea para un acogimiento de este tipo", resalta el jefe de servicio de prevención y protección de la Infancia, Javier Ferrer, quien explica que es una colaboración con la sociedad, que además tiene una compensación económica, eso sí, que no cubre todos los gastos ya que asciende a 317 euros, aumentándose en el caso de que el menor tenga alguna discapacidad o necesidad especial.

La crisis ha hecho que el número de niños susceptibles de ser acogidos que viven en residencias haya aumentado hasta entre 30 y 40. Ya no son solamente los bebés abandonados en el hospital, sino menores cuyas familias no pueden atenderlos como debieran. También existen niños con discapacidades o problemas de conducta, para los cuales se buscan “familias de acogida especiales” que puedan hacer frente a esta situación.

Las residencias han mejorado mucho, “pero nada puede sustituir a una familia”, remarca Ferrer, que destaca que los últimos datos de enero reflejan que la demanda es mayor que la oferta, con 138 menores en acogida, donde se incluyen los de familia extensa (acogidos por abuelos, tíos o vinculados a la familia); 20 de urgencia para niños pequeños que precisan de cuidado maternal; 26 provisionales y 92 en acogida permanente (hasta los 18 años o más si el niño quiere quedarse en la casa).

Aclara además el jefe de Infancia que hay mucha gente que antes podía disponer de tiempo para ofrecerse, pero que cuando no llega a final de mes o tiene el fantasma del desempleo cambia de prioridades. Por otro lado, incide en que ha habido una bajada significativa de solicitudes, unos datos que no se registran. Eso sí, ninguna familia se ha retirado por la crisis: “Nadie deja a sus hijos por problemas de desempleo, las familias de acogida son familias especiales por su motivación. Otra cosa es que te pidan ayuda. La verdad es que gente que en otro momento se incorporaría, ahora no lo hace”, aclara Ferrer.

UN MIEMBRO MÁS

Muchos son los que esperan años y años para adoptar a un bebé en el extranjero, pero a la vuelta de la esquina de cualquier calle de su ciudad puede que haya un niño sin nadie que le acoja y cuya situación desconocen. Marta Vázquez se convirtió en madre de acogida al ver la necesidad que existe en la Comunidad de familias de acogida por la situación de un menor que conocía. Su madre tenía que viajar a su país "para arreglar papeles" y éste tendría que haber ido a un centro, lo que le hizo ofrecerse. Su realidad era difícil y fue duro para él tener que volver con su familia. Ése fue el primero, pero lleva más de 50 niños acogidos en doce años.

Tuvo que pasar por test exhaustivos. "Un poco pesado, pero vale la pena", dice Marta Vázquez, quien recuerda que la primera vez que acogió estaba muy nerviosa por no saber si iba a hacerlo bien. Fue difícil al ser un adolescente, que venía de una situación complicada en su país, "aunque en casa se portaba muy bien", señala.

Le marcó la despedida, que ha remarcado su convicción de que todos los niños se merecen una familia feliz. Marta pertenece a una familia de acogida de urgencia, a quienes se entregan niños de cero a ocho años, y eso puede darse en cualquier momento. “Su adaptación es fácil, aunque el primer día siempre llegan asustados”, dice e indica que la despedida "es una mezcla de sentimientos, porque te da pena, ya que posiblemente no lo vuelvas a ver, y por otro lado, sabes que le has dado una estabilidad". Y es que lo normal es que no se mantenga la relación con los niños de urgencia. La familia biológica, a donde retornará el niño, puede visitarlo.

Vázquez resalta que esta acogida aporta a sus verdaderos hijos otra perspectiva de vida, “que no es todo de color de rosa como ellos han tenido la fortuna de vivir”. Además, enfatiza cómo cambian los niños tras estar en su casa, “cómo empiezan a sonreír”.

También la familia de Aída acoge a niños desamparados. Son de urgencia y permanentes. Tienen un niño de doce años y estará en su casa hasta que cumpla la mayoría de edad, cuando él decidirá si se queda o se va de nuevo con su familia o se emancipa. "Lleva poquito, cuatro meses, pero es una maravilla", indica Aída, quien asegura que llevaba mucho tiempo pensándolo, pero no se decidía. Pero además, también cuida de dos niños pequeños.

El mayor estuvo en un centro de menores hasta que les encontraron a ellos. Al menor le explicaron que "sus papás no le podían cuidar y que le habían encontrado una familia perfecta para él". Son situaciones diferentes, puesto que el permanente viene de una familia que no puede encargarse de él "por tener pocas facultades intelectuales o físicas". Por ello, su familia verdadera tiene derecho a visitas sin supervisión, quedando una vez cada quince días con sus padres por la tarde y volviendo por la noche a la casa de acogida.

Pero no todas las familias pueden ser válidas para la urgencia y también para el permanente. Una prueba que su familia pasó rápidamente. El niño puede volver al centro si lo desea, si no está agusto con la familia de acogida. Quedaron dos tardes en el parque para conocerlo y a la tercera se lo llevaron a casa, donde "se ha adaptado de maravilla" y donde se llevó las cartas de despedida de sus amigos del centro y sus juguetes. Allí ha empezado desde cero y con una nueva hermana de 19 años, con la que ha hecho buenas migas y comparten música.

La familia de Aída y Clement ha tenido que hacer frente al nivel escolar muy bajo que tiene el niño, pero no a carencias afectivas, puesto que según dice Aída en el centro de menores contó con unos cuidadores que le han dado cariño. "Es muy cariñoso y yo solo le noto que el nivel escolar es bajísimo. No cuenta nada de su vida anterior, aunque sí lo que le pasa en el cole. Parece que su cabeza lo quiere olvidar o que se lo guarda para él".

Tampoco tienen suficiente con la ayuda económica de 317 euros de la DGA, ya que pagan cien euros de comedor escolar, también ha habido que comprarle ropa, cuadernos de apoyo para repasar materias puesto que no conocía ni las tablas de multiplicar, además le han apuntado a un equipo de fútbol, su único deseo. Esto les ha costado 300 euros por federarlo además de la equipación. También le han tenido que poner un profesor particular dos días a la semana, puesto que empieza el instituto al año que viene y no tiene el nivel suficiente. Se le exigen unas notas y unas horas de estudio.

Anima a las familias que se lo estén pensando a arrojarse, "porque si lo piensas, nunca ves el momento". "Hay 15.000 niños en centros en España y unos 200 en Aragón esperando una oportunidad y la necesitan. Además están respaldadísimos por el equipo de la DGA y que si fracasa el acogimiento no pasa nada". Además, se puede pedir más o menos la edad.



La lista de adopción puede llevar siete años y la gente espera, "si pidieran niños mayores no estarían allí. Te ayudan, te apoyan y los sacas de allí, donde están bien cuidados pero necesitan una familia. El mío se ha pegado unas navidades increíbles, que no había tenido nunca".

Se puede acoger a más de uno, si son hermanos; o uno, y cuando ya se ha adaptado, otro más. Además, se otorga una baja de maternidad de 16 semanas en cuanto se realiza el acogimiento. "No es tuyo porque no lleva tus apellidos, pero a todos los efectos tú eres el responsable de él".

En cuanto a las problemáticas que detectan las familias y que atiende el servicio de seguimiento, dependen del momento del acogimiento, ya que al principio se refieren al acople, porque vienen de familias deficitarias con cuidados negligentes sin horarios ni normas y tienen que buscar su sitio. Hay otros momentos en los que se observa la relación con las familias biológicas y cuando se hacen mayores ya se realizan consultas normales de choques contra la autoridad e imposición de límites como en las familias tradicionales.

También se dan situaciones específicas de déficit que han tenido en sus familias anteriores. Para todo ello, las familias tienen a su disposición a los profesionales del IASS, lo que es muy valorado.

TIPOS DE ACOGIDA

Los acogimientos son variados. Así, existe el acogimiento en familia extensa, por el que apuesta el Ejecutivo autonómico, una consecuencia lógica de mantener el principio biológico en acogimiento familiar. Por norma general, la familia paterna o materna es lo más próximo que tiene un menor si sus padres, por la razón que sea, no pueden atenderle. Consecuentemente parece normal que la primera alternativa de acogimiento se busque en la familia extensa. En Aragón constituye incluso una prescripción legal del propio Derecho Aragonés.

Mientras, el acogimiento en familia ajena se da cuando ni la familia biológica ni la familia extensa pueden hacerse cargo del menor y éste queda en situación de desamparo. La necesidad de vivir en una familia como elemento de socialización e integración en la sociedad, se cumple con la incorporación del menor a un núcleo familiar totalmente ajeno al suyo propio, en el que se presume va a encontrar las condiciones adecuadas para su desarrollo.

En cuanto al tiempo de acogida, existen los simples, en los que se trata de acogimientos temporales con previsión de retorno. Son aquellos que tienen la finalidad de ayudar a solucionar un problema puntual surgido en los padres biológicos, sin que por ello haya que tomar medidas de internamiento de los menores en un centro. Por otro lado, están los permanentes o de larga duración sin previsión de retorno. Y es que hay determinadas circunstancias en las que la convivencia con la familia biológica se hace imposible, o porque no existe o porque no es capaz de atender adecuadamente al menor.

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