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Diplomacia aragonesa: cónsules por amor al arte

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A partir de julio, el Estado alemán comenzará a enviar cartas con la revisión de sus pensiones a los españoles que, durante los sesenta y setenta, se marcharon allí para trabajar. Y, también, a partir de julio, la cónsul honoraria del país germano en Zaragoza, María López Palacín, tendrá que ayudar a los aragoneses que regresaron y olvidaron el alemán a comprender esas cartas y hacer el correspondiente papeleo. Mientras, el vicecónsul de Italia, el milanés Massimo Marchetti, continuará gestionando la monumental torre de San Antonio de Padua, considerada territorio italiano al estar enterrados en ella unos 4.000 combatientes de ese país. Y, en las oficinas del Viceconsulado de Ecuador en Zaragoza, se seguirá atendiendo a los ciudadanos de este país que, según el vicecónsul ad honorem, José Castiella, están volviendo a España tras haberse ido durante la crisis. 

A lo largo del Paseo Independencia, la avenida Camino de las Torres, y las calles próximas a la plaza Paraíso y la plaza del Pilar, hay desperdigados dieciséis consulados. Los hay de países predecibles, como Alemania, Francia e Italia. Y los hay de otros países que pocos esperarían encontrarse por las calles zaragozanas: Bangladesh, Gambia, Costa de Marfil. De esos dieciséis, dos actualmente son consulados en sede vacante a la espera de nuevos cónsules: el de Chile y el de Eslovaquia. En febrero de este año murió el del país austral, Pedro Valdivia, y, en enero de 2014, el de Eslovaquia, Jean Paul Bastiaans. 

Solo uno de ellos es diplomático de carrera y percibe un sueldo procedente del Estado al que sirve: el cónsul general de Rumanía, Alexandru Ioan Steriu. Los trece restantes son cónsules honorarios que no reciben ningún tipo de salario por dedicar varios días a la semana a la atención al público, al papeleo y a las tareas de representación. Es más: muchos de esos consulados se encuentran en las oficinas y los locales de trabajo que, verdaderamente, dan de comer a los cónsules. 

Entra dentro de lo lógico pensar que, detrás de tanto trabajo altruista, existe un especial cariño hacia el país que sirven. Pero no: en algunos casos sencillamente aceptaron cuando, por sus vinculaciones económicas con el país o su relación con el antiguo cónsul, se lo propusieron. No tenían nada que perder. Entre esos casos se encuentra la cónsul honoraria de Alemania, vicepresidenta de la Cámara de Comercio de Zaragoza desde 2002 y empresaria, María López Palacín. Hace diez años, le plantearon la posibilidad de servir a Alemania en la capital aragonesa. Se había jubilado el antiguo cónsul y buscaban a una persona con algún tipo de vinculación social y económica con el país germano. María López había vivido año y medio en Alemania por motivos laborales. 

Igual de sencilla es la historia del responsable del Consulado más joven de Aragón: el de Turquía, creado a principios de 2014 y a cuya cabeza se encuentra el zaragozano Sergio Nogués. Por su trabajo como abogado, Nogués tiene mucha vinculación con la República de Turquía, lo que determinó que el Ministerio del Interior turco le nombrase cónsul en la Comunidad aragonesa. “Todo un orgullo”, asegura el abogado que habla español, inglés y unos “conocimientos mínimos” de turco. 

En otros casos (los menos), parece que existiera una tradición familiar: el Consulado de Francia, por ejemplo, ha pasado de padre a hijo, y el de México, de madre a hijo. También están los que se sacrifican por ese especial cariño al país, pero, básicamente, porque ese Estado es su patria, el país en el que han nacido. Es el caso del vicecónsul de Italia y director de una agencia de comunicación, Massimo Marchetti, al que le mueve también el hecho de poder practicar su idioma. Marchetti lleva en el cargo consular desde 2003. 

Según la cónsul de Alemania, María López Palacín, responsable también de la asociación Cuerpo Consular de Aragón, en el año 90 había en la capital aragonesa unos seis consulados. “Con el paso del tiempo han aumentado; lo que no sé es cómo han ido apareciendo y desapareciendo”, matiza López Palacín. Hace seis años, se creó la citada asociación cultural para coordinar y dar visibilidad al trabajo de estas oficinas en Aragón. Desde entonces, han celebrado varias presentaciones y despedidas de cónsules en los salones de la Aljafería; han firmado convenios con distintas universidades y empresas, y han mantenido encuentro con varios cargos relevantes como la vicepresidenta de las Cortes de Aragón, Rosa Plantagenet-Whyte, y el exarzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña. 

Lo más habitual y tedioso en las oficinas consulares tiene que ver con cuestiones relativas a la documentación, la nacionalidad y el turismo: tramitar y, si es posible, expedir carnets de identidad y pasaportes del país solicitado; gestión de visados; ayuda en el caso de que la documentación haya sido robada; información turística para planificar viajes... En la frase relativa a la expedición de carnets y pasaportes se ha empleado la matización “si es posible”, y se ha hecho porque no todos los consulados tienen la misma amplitud de competencias en ese terreno: el de Ecuador, por ejemplo, tiene la autorización para producir pasaportes y carnet; sin embargo, los de Turquía e Italia, no. El consulado italiano compensa esta carencia realizando en Zaragoza el papeleo necesario y enviándolo a las oficinas centrales de Madrid y Barcelona para evitar desplazamientos de los interesados. 

De vez en cuando, esa monotonía se rompe: en unos casos, felizmente, cuando un recién nacido es inscrito en el registro del país de origen de sus padres, y, en otros, desgraciadamente, cuando se llevan a cabo los trámites para que el cuerpo de un difunto descanse en su tierra natal. No obstante, cada consulado tiene sus propias historias: la cónsul de Alemania, por ejemplo, ayuda a los indigentes germanos que se encuentran en Aragón a conservar su documentación, tramitar dinero y, si lo desean, regresar a su país. En los últimos años, también le están dando bastante trabajo los ciudadanos alemanes multados por pescar ilegalmente en el embalse de Mequinenza. Y, a partir del mes de julio, como ya se ha aludido al principio, tiene que ayudar a varios españoles que trabajaron en Alemania y que han olvidado el alemán a cumplimentar papeles para seguir cobrando las pensiones del Estado Germano.

Por su parte, Massimo Marchetti, vicecónsul honorario de Italia, se encarga de gestionar un pedazo de territorio italiano en plena Zaragoza: la torre de nueve plantas de la iglesia de San Antonio de Padua, espacio de descanso de unos 4.000 combatientes italianos, tanto Camisas Negras como Brigadistas Internacionales, que murieron durante la Guerra Civil. Hoy, Marchetti gestiona las visitas escolares por los pasillos de este mausoleo financiado en su día por el dictador Mussolini. El año pasado, unas 2.500 persona, entre adultos y escolares, lo visitaron.

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