Página principal | Especiales | Reportajes | Si Fat Man cayese sobre Zaragoza

SE CUMPLEN 70 AÑOS DE LA BOMBA ATOMICA SOBRE NAGASAKI

Si Fat Man cayese sobre Zaragoza

Si Fat Man cayese sobre Zaragoza

Una bomba similar produciría en Zaragoza 108.920 muertos y 135.890 heridos según la aplicación Nukemap.

Se cumplen 70 años del lanzamiento de la bomba atómica sobre Nagasaki

 

Las condiciones de su muerte son ahora conocidas por todos, pero los habitantes de la ciudad de Nagasaki ni siquiera sospechaban que aquella mañana fueran a convertirse en historia. Sus nombres no los recordamos, pero sí el del arma que terminó con sus vidas. Cuando Fat Man cayó sobre ellos, hoy hace setenta años, a miles de desconocidos les arrancaron su último aliento. A pesar de la tensión que se respiró durante la Guerra Fría, con el miedo perceptible en cada fragmento de mundo, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki constituyen los únicos ataques nucleares de la historia. Pero, ¿qué pasaría si de repente alguien decidiese ponerle fin a nuestras vidas? ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si una bomba atómica de la magnitud de Little Boy o Fat Man cayese aquí, en Zaragoza?

 

La tecnología de nuestros días nos permite hacernos una idea aproximada. Alex Wellerstein, investigador en el Instituto Americano de Física, es el creador de una herramienta llamada Nukemap, una aplicación que muestra el efecto que tendría explosionar una bomba nuclear en cualquier parte del mundo. Su objetivo es sensibilizar al público de las consecuencias que podría acarrear comenzar una guerra atómica. En concreto, permite que puedas arrastrar el conflicto hasta un entorno más cercano, que te aproximes a él aunque sea hipotéticamente. Si una bomba nuclear del tamaño de la que cayó en Nagasaki estallara en el centro de Zaragoza, gran parte de la ciudad sufriría las consecuencias, aunque en diferentes medidas.

 

Si la Biblioteca Pública de Aragón fuera el hipocentro, todas las calles en un radio de 200 metros, incluidas Hernán Cortes o el Paseo de la Gran Vía, quedarían arrasadas por una bola de fuego de radiactividad variable. Los siguientes efectos se apreciarían en aproximadamente un kilómetro a la redonda; zonas como el Paseo Sagasta, la Avenida Francisco de Goya o el Paseo de la Independencia serían devastadas por una serie de ondas expansivas de aire. El sector afectado por la radiación sería mucho más amplio, y llegaría hasta la Universidad o barrios como el Casco Antiguo y Parque Roma. Sin tratamiento médico inmediato, se esperaría entre un 50 y 90% de víctimas mortales. Los últimos efectos físicos consistirían en corrientes de aire algo más leves y la radiación térmica, que llegarían a afectar a La Paz, Delicias, La Magdalena y, al otro lado del río, el límite se fijaría en el Parque del Tío Jorge. Barrios más lejos del hipocentro como Valdefierro, Casablanca o el Actur sufrirían en menor medida las consecuencias, pero serían más conscientes de la ciudad siendo víctima de la catástrofe.

 

 

 

Todo esto porque alguien habría querido tomar las riendas del mundo y decidir que esas personas tenían que morir. ¿Lo mejor? Realmente no sabrían de su existencia. Pero no importaría. En el caso de Hiroshima y Nagasaki, eran un daño colateral, un bache en la vía rápida que sumiría en la desesperación y la derrota al enemigo. Al fin y al cabo, seis días después la guerra terminó. Estados Unidos había conseguido poner fin al horror y la destrucción. Pero… ¿A qué precio? 

Etiquetado como:

No hay tags para este articulo

Valora este articulo

4.00