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Verano caliente y otoño mucho más.

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Pues sí, hemos pasado un veranito caliente en Aragón, con las primeras actuaciones del Gobierno PP-PAR (que sí, que el PAR gobierna, aunque pretenda disimularlo; que los directores generales y gerentes de empresas públicas son sus tentáculos en el Pignatelli para seguir manteniendo sus redes clientelares, que nadie se engañe). Los primeros mensajes del gobierno Rudi han sido: anuncios de recortes presupuestarios, nombramientos más bien grises y alguno polémico (como el del tertuliano ultraliberal Humberto Vadillo, como director general de Cultura, que tendrá que lidiar ahora con los titiriteros que venía despreciando), decisiones polémicas (como poner al Presidente de las Cortes, el omnipresente Biel, al frente de la Comisión Bilateral que debe reunir a los gobiernos español y aragonés, ignorando o, peor aún, tergiversando un informe jurídico del Parlamento contrario a tal medida), recortes a la participación democrática (negar el turno de respuesta a los colectivos que comparecen en la Comisión de Peticiones de las Cortes, rechazar la iniciativa popular para que el Canto a la Libertad de Labordeta sea el Himno de Aragón, anunciar la reforma del Reglamento de las Cortes para constreñir la labor de los diputados de la oposición…), etc., etc.
Pero aún más caliente ha sido el estío en Madrid, con un precipitado final de legislatura tras adelantar las elecciones de marzo a noviembre. Precisamente al 20-N, y es que ZP no da puntada sin hilo, buscando desesperadamente en el imaginario antifranquista promover un voto útil al PSOE frente al previsible triunfo del PP. Sin embargo, las últimas decisiones de Zapatero han supuesto pegarle un tiro en el pie a su sprinter Rubalcaba, el elegido para intentar, al menos, presentar batalla al favorito Rajoy: por un lado, la última reformita laboral que precariza más el empleo y alarga la edad para los contratos de formación; y por otro, la reforma constitucional exprés que consagra el dogma neoliberal del déficit cero en la mismísima Constitución, por exigencia extranjera (de la canciller Merkel), para satisfacción del PP e indignación de la sociedad española a la que le han hurtado decidir algo tan serio en referéndum. Sin ninguna duda, Zapatero lleva cuatro años haciéndole el trabajo sucio al PP y ahora difícilmente resulta creíble que el candidato Rubalcaba intente enarbolar las banderas de la izquierda.
Así que, tras el verano caliente, nos adentramos en un otoño rusiente, con el baile dramático de los mercados, con las respuestas en la calle a los recortes sociales y, por supuesto, con la cita en las urnas el 20-N.

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