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Un nuevo museo para conocernos como seres sociales

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Domingo Buesa es Director científico del Museo Diocesano de Zaragoza

 

Se ha inaugurado un nuevo museo diocesano que, además de saldar una vieja deuda con la comunidad cristiana aragonesa, viene a tender la mano hacia una sociedad que –por encima de posicionamientos religiosos- es el resultado evidente de una historia particular, rica en imágenes e intensa en sensaciones, que da forma al pueblo y al sentir aragonés que, como han dicho Goya o Buñuel, se encuentra definido por la devoción a Nuestra Señora del Pilar.

 

Y esa apertura de un amplio espacio museístico, de casi seis mil metros que se reparten en la recuperación de un torreón medieval, un palacio mudéjar de los reyes de Aragón, los salones góticos o el palacio renacentista del Arzobispo de Zaragoza, nos permite comprender la necesidad que tenemos de museos como éste para profundizar en nuestro conocimiento como comunidad, como pueblo, como sociedad que se construye humanizando un territorio a orillas del Ebro.

 

Visitando sus cuidadas salas, contemplando sus magníficas piezas artísticas, descubriendo el moderno montaje museístico que nos habla de cómo ha ido evolucionando nuestra dimensión religiosa, llegamos a comprender que la mayor grandeza del ser humano es que no sólo es un ser social, que se construye en sociedad, sino que es un ser histórico que se ha ido definiendo como ser de posibilidades. Desde este punto de vista, la persona humana, con su realidad física y su dimensión espiritual, se convierte en el referente de un itinerario secular en el que todos han intentado mejorar sus vidas y, gracias a Dios, algunos especialmente las de los demás.

 

Y de ese compromiso con los demás, de ese intento de mejorar la dureza de una vida sin horizontes, nos hablan las dieciseis salas y las cuatrocientas piezas de este museo diocesano de Zaragoza. Todas custodian alegrías y tristezas, formas de vencer el miedo y de buscar la felicidad, la grandeza de la dimensión espiritual del ser humano. Por ello, es un momento de gozo la apertura de un Museo diocesano y un gozo permanente que las Ciencias Humanas, que deseo sobrevivan aportando su dimensión espiritual en esta sociedad excesivamente tecnificada, nos sigan permitiendo adquirir conciencia de lo qué ha sido el destino del ser humano, que nos permitan conocer cómo ha ido construyendo el hombre y la mujer su destino material y espiritual.

 

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