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Las primarias del PSOE

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Tras el sonado fracaso electoral en las elecciones municipales y autonómicas del pasado domingo, el Partido Socialista debería hacer frente a una serie de retos ineludibles y de hondo calado. El fundamental –en línea con la que habría de ser también la obligación del resto de los partidos socialistas europeos– debería apuntar a una redefinición y rearme ideológicos de la socialdemocracia en un siglo XXI abierto por una crisis que la ha colocado contra las cuerdas y ha hecho tambalear algunos de sus pilares. Una acción desprovista de una construcción teórica sólida y de unos objetivos definidos acabará por dejar al descubierto su propia falsedad y pobreza. Es necesario que el centro-izquierda, heredero de la combinación aportada por la mejor tradición de progreso social y de liberalismo político, reconstruya su edificio a la luz de las necesidades, las demandas y las características del mundo actual.

Opino que –tal y como siempre ha ocurrido, de un modo u otro– el perfeccionamiento y la mejora de la democracia y de las vías participativas deberá constituir una pieza esencial de esta empresa. Y, por lo que respecta concretamente al PSOE, quizás la mejor manera sería comenzar por su propia casa, por su organización interna. Los estatutos de este partido contemplan la posibilidad de celebrar elecciones primarias para la elección del candidato a la Presidencia del Gobierno; ésta es, de hecho, la fórmula que, en principio, estaba previsto que se utilizase en fechas próximas. No obstante, y desde el domingo pasado, cada vez son más las voces que piden un Congreso Federal en el que se elija al candidato. Las razones aducidas son la rapidez, la imagen de unidad y no de embrollo y la amortiguación de los enfrentamientos internos de cara a la galería. Parece, además, que esta segunda opción va cobrando fuerza.

Si el PSOE, después de lo ocurrido, es en esto en lo que está pensando, me parece que no ha comprendido absolutamente nada y que tampoco está entendiendo nada de lo que los ciudadanos exigimos de manera creciente a los partidos. Soy perfectamente consciente de que el cometido –del todo legítimo– de un partido –y más en el caso de uno como éste– es ganar elecciones, pero las miradas miopes servirán de muy poco en las actuales circunstancias: deberían ampliarse –ya sé que es casi pedir un imposible– los horizontes. Asimismo sé que los congresos también pueden ser englobados bajo la etiqueta de “democracia interna”; algunos socialistas lo han dicho, a la vez que han recordado que el modelo de primarias no pertenece a nuestra tradición política y tiene en Europa menos sentido. Todo ello es bien cierto, pero no impide que el modelo pueda ser integrado y adaptado a nuestras circunstancias, ya que siempre será más democrático que los congresos. No me sirven en este punto las comparaciones con los Parlamentos, en los que también existe una mediación basada en la representación. Y no me sirven porque ocultan interesadamente la diferencia entre una cámara nacida originariamente para el debate y la discusión y un órgano destinado, en este caso, a la función de elegir un candidato. Además, la celebración de primarias no tiene por qué conllevar la ausencia de ese debate en el seno del partido; es más, incluso es probable que lo fomente, facilitando que éste discurra por el camino de las propuestas, antes que por las tortuosas sendas de las crudas luchas de poder de las que habitualmente son testigos los congresos de los partidos políticos.

Por otra parte, pienso que –al elegir ahora la vía de un congreso– sería especialmente perniciosa la enseñanza que se transmitiría, consistente en asociar los congresos con la seriedad y el rigor exigidos por las actuales circunstancias. De este modo, procesos de mayor calado democrático –como las primarias– quedarían entonces inmediatamente relacionados con la ligereza y la inconsistencia.

Creo, en definitiva, que el Partido Socialista tiene ante sí la primera ocasión para profundizar en el cambio que inexorablemente habrá de llevar a cabo o para cerrar los ojos. Ojalá los abra a las primarias. Ojalá, en un plazo de tiempo no muy largo, todos los partidos tengan los ojos abiertos a fórmulas más democráticas de organización interna.

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