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Tres realidades

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Estoy cansado de leer, oír, escribir las fechas del calendario como si fueran las siglas de alguna institución, partido o asociación relevante de tal forma que uno ya no sabe si la M es de marzo, es de martes o es… vaya usted a saber qué!!!. Por eso me niego a escribir en este texto el veintiuno de octubre con esas malditas siglas, abreviaturas o números que más parecen del juego de los barcos que lo referido a una fecha en concreto. Lo dicho, este veintiuno de octubre no puede pasar desapercibido. El veintiuno de octubre nos ha dejado (políticamente hablando) dos realidades, quizás tres, que no pueden pasarse por alto. Una la victoria clara, contundente, sin paliativos del Partido Popular en Galicia. La segunda la victoria ni clara, ni contundente del PNV en el País Vasco y la tercera la derrota, la espectacular y apabullante derrota del Partido Socialista en ambas Comunidades.

 

Me atrevería a asegurar en cuanto a la primera, que la mayoría conseguida por Alberto Núñez Feijóo en Galicia tiene una lectura en clave nacional porque así lo vieron todos menos el Partido Popular que había apostado por la clave autonómica. Pero finalmente y por esta consecuencia, es un resultado que avala, de alguna forma, las políticas del Gobierno de Mariano Rajoy. Además, porque todos aquellos que hubieran tratado de atribuir una derrota a Mariano Rajoy, hoy ya no lo pueden hacer, porque la victoria del Partido Popular gallego ha sido el triunfo de las políticas de decir la verdad para salir de la crisis, que se han visto respaldadas en la figura de Alberto Núñez Feijóo.

 

Por otra parte, los resultados electorales en el País Vasco no son los resultados que el Partido Popular hubiera querido, tampoco lo son para la gran mayoría de españoles que de buena fe sienten cariño por esta parte de España. La realidad también demuestra que la concentración del voto nacionalista no ha sido muy distinto del que ha habido en otros momentos históricos en los que se presentaba la izquierda abertzale. Hay que seguir trabajando en Euskadi para mejorar la presencia de los partidos llamados “constitucionalistas” como únicos garantes de la unidad y la identidad de una nación que frente al separatismo de los insensatos solo ellos pueden mantener la coherencia, la responsabilidad y el futuro de los ciudadanos de esas zonas de España. No puedo pasar por alto el resultado de la vergüenza, un resultado que demuestra que los verdugos (ellos y quienes les alientan) desde el sufrimiento de sus víctimas amparan, jalean y se regocijan valiéndose, ahora sí, de la democracia que hemos construido otros y a la que ellos intentaron torcer. Asco me dan.

 

Y la tercera realidad pasa, lamentablemente, por un Partido socialista en descomposición. Un partido que no ha sabido entender lo sucedido en los últimos años en España. Un partido que deambula como un boxeador sonado dando tumbos sin darse cuenta que su esfuerzo debe pasar en estos momentos, no por plantear más problemas a los ciudadanos, sino resolver los que ya tienen. Para eso, es necesario poner en marcha un conjunto de medidas económicas que den respuesta a la crisis y evitar la confrontación. Es preocupante que en estos momentos el Partido Popular no tenga un interlocutor de centro-izquierda nacional con el que poder hablar, como lo fue el Partido Socialista en otras épocas. Si se revisa la situación por la que atraviesa el Partido socialista en las distintas Comunidades Autónomas, vemos que se está diluyendo y, eso, no es bueno para España. Si el Partido Socialista sigue por esa deriva, diciendo una cosa distinta en cada Comunidad y sumándose a cualquier movilización, manifestación o huelga como forma de dar solución a la situación por la que estamos atravesando, no estará sirviendo al interés general de los españoles.

 

Pero esto no acaba aquí, tenemos en ciernes unas nuevas elecciones tan importantes o más que las que acabamos de pasar. Las próximas elecciones catalanas, algunos han determinado que sean otro palo en las ruedas de la solución a la crisis, el empleo y el mantenimiento de nuestra nación. Lo que tengo claro es que es el momento de defender allí mismo la Constitución que representa a todos aquellos que se sienten catalanes y españoles. Debemos, todos los que entendemos que Cataluña es España y que queremos a los catalanes, recordarles que solo una nación como de la que formamos todos parte, puede darles certeza de su pertenencia a la UE, al euro y un futuro asegurado del pago de las pensiones, porque las aventuras sólo crean incertidumbre.

 

Dicho esto, lo llamativo es que tan solo el Partido Popular apuesta, visto lo visto y oído lo oído, por la certidumbre de la Constitución, la pertenencia a un gran país de convivencia, democracia y libertad y no está por las veleidades separatistas, los federalismos asimétricos, cooperativos o virtuales. Que pena!!!

 

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