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“Paisajes queridos” enseña el alma más literaria de Labordeta con cinco cuentos inéditos

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“Paisajes queridos” enseña el alma más literaria de Labordeta con cinco cuentos inéditos

Escrita a principios de los sesenta, con un estilo telegráfico, casi impresionista, describe una realidad trágica en la que ya muestra su compromiso social y humano mucho antes que sus canciones

El alma literaria de José Antonio Labordeta continúa viva con la obra “Paisajes queridos”, cinco cuentos inéditos ambientados en la posguerra española, escritos e ilustrados por el famoso cantautor y político aragonés. La obra ha sido presentada este miércoles en público en el Teatro Principal y mañana sale a la venta en librerías y en su Fundación. 

Escrita a principios de los sesenta, con un estilo telegráfico, casi impresionista, describe una realidad trágica en la que ya muestra su compromiso social y humano mucho antes que sus canciones. 

Su viuda, Juana de Grandes, ha descrito emocionada cómo fue el descubrimiento de estos cinco cuentos inéditos: “De pronto me apareció una carpeta azul, antiquísima y con gomitas y me aparecieron los cuentos corregidos como si estuvieran listos para salir a la imprenta”.

Contiene los relatos “Margarita la tonta”, “El Tajo”, “Paisaje querido”, “Bienvenido” y “La Isla arrancada”. Cada uno tiene una portada que fue ilustrada por el propio Labordeta. El alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, ha destacado el amor a la tierra que desprenden sus escritos.

“Yo me he quedado gratamente sorprendido. Me he leído algún relato y te transporta a esos años de posguerra y se te pone un nudo en el estómago porque es muy gráfico y realista en su forma de escribir”, ha señalado.

El libro, editado por la Fundación José Antonio Labordeta, cuenta con la edición y prólogo de Antonio Pérez Lasheras y la coordinación editorial de Los Libros del Gato Negro.
Contiene un total de 122 páginas y reproduce, en edición facsímil, las ilustraciones que Labordeta dibujó en tinta roja para cada una de las portadas de sus cuentos; así como algunas de las páginas mecanografiadas por él, en las que se aprecian sus propias correcciones.

Este libro cumple uno de los objetivos principales de La Fundación José Antonio Labordeta, preservar su obra, que no caiga en el olvido, porque “es patrimonio de todos y entre todos hay que levantar, aunque no guste a algunos lo que significa, lo que implica, lo que enseña: una lección de dignidad, de bonhomía y de lucha contra la vesania de la amnesia a la que esta época posmoderna pretende someter a la historia, al recuerdo, a la verdad, en suma”, como afirma Pérez Lasheras en el prólogo de esta publicación.

La vocación literaria de José Antonio Labordeta fue muy temprana (a los 10 años escribió su primer poema y a los 15 el primer cuento) y la mantuvo durante toda su vida. “Paisajes queridos” fue un proyecto del propio autor, que preparó esta colección de cuentos entre 1961 y 1962 (cuando contaba con 26-27 años), aunque algunos de estos relatos fueron escritos años antes. 

En estos cuentos se hallan muchas de las obsesiones de la literatura de José Antonio Labordeta, especialmente la grisura de los años de la posguerra con la guerra como fondo y como elemento vertebrador de una realidad que no tendría que ser la que es, que podría —y debería— ser de otra manera. 

Tres de los cinco relatos tienen como referente inmediato la guerra civil, y cuatro están ambientados en Belchite (aunque no se mencione). 

“Vidas vividas a rastras -escribe Pérez Lasheras-, condicionadas por elementos externos que determinan el devenir de unos seres que se limitan, simple y despiadadamente, a sobrevivir: el embarazo y parto de una vendedora de flores de papel oligofrénica, la singular nadería de un día de frío vareando la aceituna (la oliva, en Aragón), con la guerra como recuerdo remoto y los deseos de huida de una situación asfixiante; y tres curiosos relatos sobre los efectos de la guerra: uno sobre una historia de amor y muerte; otro sobre una violación en plena contienda”. 

El último, como un epílogo, habla de quienes fueron condenados por defender su verdad —o porque les tocó estar en un sitio, a juicio de los vencedores, equivocado— y regresaron veinte años más tarde (tras una prisión no comprendida) a su lugar de origen, un lugar que ya no les pertenece porque les usurparon todo: amigos, familiares y casi hasta los recuerdos y el aire, los olores, las fantasías y resquemores, amores a medio hacer y vidas sin cocinar.

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Radio Ebro Hoy

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